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Buenas perlas
Hay en tus labios la riqueza del sabor,
del saber,
del poder,
de la inmensidad como se extiende en el horizonte un sol
cuando adormece el día.
Hay en tus labios el don de la palabra,
de consuelo,
de esperanza,
de alegría
y la ventura es entonces el tesoro que cualquiera anhela
porque te posee.
Hay en tus labios la firmeza de la autoridad,
del mando,
del reclamo,
de la exigencia,
cuando las promesas no se cumplen
y los pactos se rompen hasta retomarlos de nuevo.
Hay en tus labios el placer de descubrir la morfología ignorada de un cuerpo,
de un pelo,
de unos labios,
de un mirar despierto que se abre como el sol,
cuando penetra por la ventana y calienta mi piel, la de ambos.
Hay en tus labios la bondad,
la misericordia,
la pasión,
el aliento que da vida,
porque he descubierto las perlas que de ellos emanan.
Hay en tus labios el espíritu que motiva a seguir adelante,
nunca atrás,
de frente,
hacia arriba,
empujando,
siempre en tu busca.
Hay en tus labios el perdón,
que es otra forma de secar el llanto,
el arrepentimiento,
no lastimar,
no herir,
sólo consolar mi alma.
Hay en tus labios la inmensidad que se abre infinita,
para recordarme que he nacido
y que iré un día a tu lado,
a tu presencia,
a tu reino,
a tu trono,
hasta tu palacio y ahí compartir de nuevo,
otra vez,
ese tu amor infinito que engrandece mi vida,
desde que existes tú.
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